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Rosa Negra

Las doce pruebas de la inexistencia de Dios

La Asociación Isaac Puente, de Vitoria, acaba de editar la obra de Sébastien Faure Las doce pruebas de la inexistencia de Dios. Un texto clásico del pensamiento ateísta, que pasa los noventa años de existencia guardando la frescura de sus argumentos. Uno de los planteamientos más cautivadores del libertario francés es que extiende su ateísmo a los dioses de la tierra ("Estos dioses no son más que hombres como tú"). Y seguramente es aquí donde más sentido adquiere la publicación del folleto en la civilización occidental, trascendiendo, incluso, el sentido que le dio su autor. La Iglesia ha dejado un espacio a la sociedad civil, pero ésta ha subido a los altares -además de a la estupidez- a dioses tan esclavizantes como el cristiano (dinero, nación, deporte, informática...).

Las "doce pruebas" se editaron en Francia en 1914, salidas de la prensa de la escuela libertaria La Ruche. Las traduce Ángel Pestaña y se publican en Biblioteca de Tierra y Libertad, de Barcelona, en 1916. El éxito aquí fue tan fulminante que hasta 1939 se distribuyeron más de 300.000 ejemplares, sacados a la luz todos ellos en editoriales anarquistas (Acracia, Estudios, La Revista Blanca, Vértice).

La edición actual es bilingüe (francés-español) y se ha visto enriquecida con un pequeño prólogo y con la bibliografía (comentada) de Faure en español. Y, además, resulta económica.

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Internacionalismo

Internacionalismo

Hace unos ciento cincuenta años, arraigó en el movimiento obrero occidental una corriente singular: el internacionalismo. No es que fuera nuevo -nihil novum sub sole-, sino que se convirtió en una seña de identidad de las ideologías obreras emergentes, que se distinguían con ello del nacionalismo depredador imperante en la política y en su propaganda. No ha quedado mucho de aquella esperanzadora corriente. La I Guerra Mundial se encargó de propiciarle el primer golpe. La necesidad que tenemos de acudir a dioses ("nación", "bandera"...) la dejó tocada. La sociedad de consumo terminó de noquearla ("hay que defender lo que es nuestro"). La ley arropa a sus contrarios.

Pero no todo se ha diluido. Aquel internacionalismo ha permanecido en grupos determinados, principalmente libertarios, y se ha revitalizado con firmeza en movimientos y personas ("sin fronteras") que no se resignan a la manipulación fácil. Walter Crane elaboró una hermosa alegoría a este movimiento internacionalista, recordando que el mayor halago de lo local es su universalidad. Algo que es de agradecer.

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